La Vanguardia, 4 de octubre de 2005
Con algunos cambios que ya están estudiados, el Gobierno está dispuesto a aceptar que Catalunya quede categóricamente definida como nación en el Estatut. Y es más, tal como se ha desarrollado el debate político catalán y la carga simbólica que arrastra esta cuestión, el Ejecutivo estima que es imposible e inadecuado desandar este camino, ya que los partidos catalanes no aceptarían ahora la vuelta al término ‘nacionalidad histórica’.
Esta cuestión, según las fuentes gubernamentales consultadas, es “irreversible”, aunque, eso sí, se deberá modificar el actual redactado estatutario para que no choque con el artículo 2 de la Constitución, que establece que España es una nación.
El Gobierno considera que, pese a la difícil etapa que se abre con la llegada del Estatut al Congreso y la presión que ejercerá el PP, la propuesta catalana debe servir para acometer una serie de reformas necesarias en la estructura de la Administración. Y asimismo para clarificar cuáles son los límites del Estado de las autonomías.
La financiación, uno de los temas fundamentales, también deberá ser reformada, empezando porque se rechaza que Catalunya recaude “todos” los impuestos. El Gobierno reconoce que Catalunya podría recibir más dinero; y mientras se negocia la fórmula estatutaria, el Ejecutivo empezará a definir un nuevo modelo general que pueda aprobarse en el futuro.
Este modelo se basará en la clara separación de los impuestos en tres clases. Los que pertenecen en exclusiva al Estado (sociedades y probablemente el IVA), los compartidos y los únicamente autonómicos. La creación de estos tres bloques de impuestos claramente delimitados comporta una mayor autonomía fiscal. La Agencia Tributaria del Estado recaudaría los suyos; la de Catalunya, los que le correspondan; y una agencia consorciada se encargaría de los impuestos compartidos.
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Julio Rodríguez López, 4 de octubre
Considero imprescindible que a los españoles se les explique lo que significan los términos ‘federal’, ‘confederal’ y ‘soberanía’.
Desde Cataluña parece que se etiqueta como federal algo que es mucho más una confederación o un estatus de soberanía compartida que una realidad de tipo federal.
Se hace necesario clarificar los conceptos, pues se está presentando como desarrollo del Estado de las autonomías y como modelo federal algo muy próximo a una secesión, no muy lejos del plan Ibarretxe.
Desde luego la resultante de la aprobación del proyecto de Estatut, en su forma actual, no sería algo equivalente a lo que hoy son Estados federales, como Estados Unidos de América, Alemania, Canadá, Australia o Suiza.
Quien esto escribe se quedaría satisfecho, pues, si la España que sale de todo este embrollo fuese algo equivalente a la Alemania de hoy, en cuyas recientes elecciones no aparecían con resultados de incidencia en el conjunto partidos de cualquiera de los “länder” de dicha nación.
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