8 de noviembre de 2005

La gran controladora

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Ignacio Ramonet

Después de la primera Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se celebró en Ginebra en diciembre de 2003, cuyo tema central había sido “la fractura digital”, a demanda de la ONU y organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), Túnez acogerá del 16 al 18 de noviembre la segunda cumbre mundial con una preocupación distinta: ¿cómo instaurar un control más democrático en Internet?

Actualmente y desde 1988, la red mundial está administrada por la ICANN, un organismo de derecho privado sin fines de lucro con sede en Los Ángeles, sometido a la ley californiana y colocado bajo el control del Departamento de Comercio de Estados Unidos. La ICANN es la gran controladora de la red.

Pero de un tiempo a esta parte, el dominio de Estados Unidos sobre la red mundial se ve cada vez más impugnado. Semanas atrás en Ginebra, los 25 Estados de la Unión Europea fueron unánimes en reclamar una reforma de la gobernanza de Internet aprovechando el vencimiento, en septiembre de 2006, del contrato que vincula a la ICANN con el Ministerio de Comercio de Estados Unidos. La reunión se saldó con un fracaso, dado que Washington se negó a todo cambio.

El desacuerdo tiene una dimensión geopolítica. En un mundo cada vez más globalizado, donde la comunicación se ha convertido en materia prima estratégica y donde estalla la economía de lo inmaterial, el control de Internet otorga al poder que lo ejerce una ventaja considerable. Tal como en el siglo XIX Inglaterra resultó favorecida por un control similar, el de las vías de navegación planetarias.

La hegemonía de Estados Unidos sobre Internet confiere en teoría al Gobierno de Washington el poder de limitar el acceso a todos los sitios de la Red en cualquier país. Puede bloquear todos los envíos de mensajes electrónicos del planeta.

Hasta el momento no lo ha hecho nunca. Pero tiene la posibilidad de hacerlo. Y esta simple eventualidad es motivo de extrema inquietud para muchos países. De modo que ha llegado el momento de reclamar que la ICANN deje de depender de Washington y se convierta por fin en un organismo independiente bajo la supervisión de las Naciones Unidas.

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