REINVENTEMOS
DEMOCRACIA CÍVICA
PRESENTE Y FUTURO. ¿REFUNDACIÓN?
PRINCIPALES FOCOS DE ATENCIÓN DE DC
Democracia Cívica surge como un grupo de reflexión social y política. Lo forman afiliados y simpatizantes del PSOE, congregados en torno a una página web editada y mantenida por Manu Escudero y en torno al movimiento IxC (Iniciativa por el Cambio) del PSOE, desde 1999.
Lo que hoy es Democracia Cívica, se creó como un movimiento de debate, interno al PSOE y con el nombre de Iniciativa para el Cambio. Estuvo formado por militantes y simpatizantes del PSOE, los cuales, mediante la crítica constructiva, trabajaban para conseguir una mayor democracia en su organización interna.
Mejoras como elecciones primarias, listas abiertas, limitación temporal de los mandatos, la incompatibilidad de cargos, la actualización de los censos, la participación y la transparencia, fueron objetivos a conseguir. El fin último consistía en devolver a la política y a los políticos la confianza perdida entre los ciudadanos. Lo que más tarde se llamó “el socialismo ciudadano” fue definiéndose a la vez que se realizaba esa tarea.
Manuel Escudero, tras una de las reuniones en la Escuela Jaime Vera, propone la creación de una web para facilitar los contactos entre compañeros/as de las distintas Comunidades. Es así como nace ‘democraciacivica.net’ y como IxC pasa a integrarse en ella, a pesar de que grupos como el de Asturias sigan con su antiguo nombre, sin perjuicio alguno de sentirse totalmente DC.
Democracia Cívica funcionaba como un grupo abierto, en principio sin listas de inscripción ni compromisos establecidos. La página web se financió con aportaciones voluntarias, principalmente de Manu Escudero. El grupo realizó encuentros anuales de discusión, cada vez con mayor número de participantes.
El 26 de marzo de 2004 ‘dc.net’ se para sin explicación alguna por parte de su coordinador, que desaparece sin que incluso ahora podamos entender las razones de este súbito cierre. Los seguidores del movimiento, como es lógico, deploraron lo sucedido entonces.
Cuando en julio de 2004 un compañero de Vitoria, Miguel Ángel Múgica, preocupado por la desaparición de ‘dc.net’, llevó a cabo un intento de continuidad, colgando en la red su weblog ‘Democracia’, muchos de nosotros vimos ahí un modo de procurar que se mantuviera con vida algo tan necesario en el acontecer político y ciudadano. Y nos pusimos en contacto con él para ver cuáles eran sus proyectos de futuro.
Para empezar, en ‘Democracia’ volvimos a tener ocasión de saber unos de otros y de constatar que somos muchos los que deseamos continuar en un espacio, con o sin Manu, que nos permita expresarnos sobre algo que nos preocupa. Se trata de hacer un nuevo intento de reconstruir un trabajo estimable, puesto en práctica a lo largo de cuatro años; y de recuperar un respeto ganado en las agrupaciones locales del PSOE.
Se habían conseguido las listas abiertas, eliminadas tras el 36º Congreso, y se podía deliberar sobre los demás temas propuestos. Hoy, la situación política es otra: hemos ganado las elecciones generales y el presidente Zapatero habla de socialismo ciudadano... (nos suena, ¿verdad?). Este vuelco nos plantea nuevas preguntas. ¿Cómo seguir? ¿Qué vamos a ser en el futuro?
El compañero Felipe Martínez Cañibano propone el funcionamiento a modo de cooperativa, con una aportación inicial de 7 euros para ponerla en marcha. La cooperativa no se ha creado aún. Es un proyecto que se ofrece para su debate a los antiguos y nuevos componentes de Democracia Cívica.
Si la respuesta del conjunto sobre el proyecto de cooperativa es que sí, pongámonos todos a la tarea, aportando criterios y enfoques para poner esto al día, reformemos lo reformable y, sobre todo, tomemos democráticamente las decisiones que convengan, sin otro tipo de intereses.
Ahora o nunca. ¿Somos consecuentes o el vicio de raíz es que en Democracia Cívica no existía nada más que la retórica sin hechos? Buscamos el compromiso real de 50 personas. Los 7 euros que desembolsen cada una de ellas tienen el valor de un símbolo: el de la pertenencia a un movimiento que impida que el PSOE se duerma en los laureles de su triunfo electoral de marzo de 2004.
Quienes nos hemos atrevido a dar este paso (proponer la creación de la cooperativa) confiamos en que durante 2005 os vayáis incorporando a la misma bastantes de vosotros. Quizá sea posible aumentar exponencialmente el número de socios de la cooperativa: 100 a finales de 2005, 200 a finales de 2006, 400 a finales de 2007...
Nadie se propone imponer nada. Sean cuales sean los acuerdos que se tomen (y pueden ser distintos), se tomarán con la participación de todos. Y sin que medie ningún otro interés que no sea el del propio movimiento.
Democracia Cívica pretende ser un grupo de influencia en el PSOE y otros partidos de izquierda para que éstos no olviden, e incorporen a su quehacer político, toda una serie de cuestiones que habitualmente no reciben atención suficiente, bien porque no producen réditos electorales, bien porque de alguna forma amenazan los mecanismos de mantenimiento del poder o a la nomenclatura que en la práctica rige dichos partidos. Estas cuestiones tienen su origen en la nueva situación del mundo y de España en el albor del siglo XXI, y se relacionan, fundamentalmente, con:
a) La degradación de la calidad democrática en nuestra sociedad, en los partidos y en las instituciones.
b) El nacimiento de una nueva conciencia de “ciudadanía mundial”.
c) La gobernanza del actual proceso de globalización neoliberal.
Las cuestiones que centran el interés de Democracia Cívica se relacionan de forma más extensa en el apartado “Principales focos de atención de DC”.
La finalidad principal de Democracia Cívica es conseguir que los análisis y las soluciones planteadas se incluyan (de una forma u otra, y cuanto antes mejor) en la corriente principal de pensamiento, en las resoluciones de los congresos, en la agenda política y en las propuestas electorales de los partidos de izquierda, en particular en el PSOE.
Tenemos derecho a preguntamos si la finalidad última (misión) de Democracia Cívica no es otra que refundar el PSOE, instaurando la democracia interna y las listas abiertas, para que se gobierne con los ciudadanos y se supriman la rancia politiquería y los manejos chanchulleros desde las Administraciones públicas y desde las burocracias del Partido Socialista.
La acción de DC no se limitará a la propia de un movimiento de apoyo o crítica a lo que vaya realizando el Gobierno actual, ya que en democracia el PSOE puede hoy ser gobierno pero mañana puede ser oposición. Su tarea girará en torno a la defensa de los derechos civiles recogidos en la Constitución. Por tanto, facilitará la cercanía de los ciudadanos a la acción política institucional, fundamentalmente la del PSOE, pero no en exclusiva.
Guiándose por el pensamiento de que “otro mundo es posible”, el radio de acción de DC habrá de ser el correspondiente al ámbito de la acción política de la izquierda más inmediata (el PSOE) y el análisis y sus conclusiones sobre los Gobiernos (Europa, España, Comunidades). También nos ocuparemos de trabajar con los movimientos ciudadanos y de darles nuestro apoyo.
Democracia Cívica ejercerá de vigilante para que se cumplan los estatutos del PSOE y se propicien la participación y la transparencia dentro de él. Sin olvidar la reflexión sobre el socialismo ciudadano del futuro, que no tiene por qué estar reservada a los intelectuales, si hablamos de ciudadanía.
Democracia Cívica se propone servir de interfaz, de interlocutor privilegiado, entre el PSOE y los movimientos sociales.
Asimismo, Democracia Cívica se propone servir de polo de atracción y de “incubadora” de un nuevo estilo de políticos socialistas, mucho menos tradicionales y mucho más legitimados ante la ciudadanía. Porque antes fueron, y siguen siendo, nuevos ciudadanos activos y comprometidos en la solución de los grandes problemas del siglo XXI y en la construcción de nuevas formas de intervención política, apropiadas a la nueva ciudadanía y a la nueva situación española y mundial.
Democracia Cívica trabaja de forma transparente, con objetivos declarados y sin agendas o intereses ocultos. Democracia Cívica pretende hacer aportaciones constructivas en colaboración con el resto de sensibilidades y corrientes ideológicas del socialismo, tratando siempre de plantear soluciones y no de constituirse en parte de ningún problema. Democracia Cívica aspira a influir en el PSOE, pero no organizándose como “sindicato de intereses” ni luchando por cuotas de poder dentro del partido.
Democracia Cívica no tiene los medios ni la vocación de ser una “fundación de estudios” o “think tank” progresista. Más bien se configura como un mecanismo para introducir en el PSOE corrientes de pensamiento y soluciones que se debaten en el conjunto de movimientos sociales y en la sociedad civil. Con los cuales trabajamos en pie de igualdad, sin encubrir la condición, los ideales y la filiación socialista, pero sabiendo que eso no aporta ninguna autoridad añadida.
El estar junto a los movimientos sociales responde a una lógica de “fertilización cruzada”. Por ello, Democracia Cívica no debe ser entendida como una suerte de sección filantrópica del socialismo, volcada hacia la nueva ciudadanía.
Para la consecución de sus fines, Democracia Cívica trabaja en diversos planos: la reflexión y el debate compartidos (hacia adentro y hacia afuera del grupo) para el diagnóstico de problemas y su solución conceptual; la propuesta de políticas concretas en conferencias y congresos del PSOE; la propia práctica interna y ejemplarizante de otra forma de hacer política; las acciones sensibilizadoras y de influencia sobre los partidos (especialmente el PSOE) e instituciones; las campañas propias; la colaboración en campañas y acciones conjuntas con otras organizaciones y entidades cívicas...
La cultura está de nuevo en el centro de nuestra agenda política. Una cultura que saque a las personas del vasallaje, pero que no avasalle. Democracia Cívica reivindicará una cultura que estimule la inteligencia, la reflexión, el desarrollo de ideas y proyectos, el talento y la sensibilidad de las personas. Sólo así podremos construir una sociedad más democrática, más justa y más integradora.
La comunicación entre los miembros del grupo, la reflexión y el debate propios de Democracia Cívica, se articulan en torno a una página web con un foro de acceso público. El acceso a dicho foro será únicamente restringido por el moderador o los moderadores que democráticamente se designen. La página web también podrá contener una selección de artículos y enlaces a otros medios relacionados con los focos de interés del movimiento.
La gestión de la web no debe ser unipersonal, sobre todo si tenemos en cuenta que puede haber más de una. En cualquier caso, el gestor o gestora debe estar apoyado por otros miembros de DC.
Los artículos contenidos hasta el presente en la web ‘democraciacivica.net’, sea en caso de continuidad o de discontinuidad, se pueden pasar a otra web, siempre con el permiso previo de sus autores.
Los contenidos de las páginas web dispondrán de una licencia de copyleft. Así se otorga, por defecto, el permiso del autor para distribuir y copiar los artículos, siempre que se cite al autor y la procedencia de éstos. La idea consiste en lograr que el trabajo y la opinión se difundan, sin poner ningún tipo de trabas. Es lo más sensato a la hora de trabajar con Internet.
El modelo de organización de la web debería presentarse como una red flexible de ‘democracias’ (en las diferentes Comunidades donde los grupos lo deseen y puedan llevarlo a cabo), relacionadas entre sí mediante sus foros, enlaces, discos duros virtuales...
Nuestro movimiento ha de ser igualitario y organizado desde abajo hacia arriba, sin cúpulas ni burocracias manipuladoras.
Propugnamos que Democracia Cívica sea un movimiento federal, con raíces dentro del PSOE, de acción política y social, cultural y pedagógica, coordinado en red mediante foros en Internet. Pertenecer a Democracia Cívica no debe impedir a ninguno de sus miembros que, individualmente o en grupo, pueda participar en acciones diversas, siempre que estas acciones no vayan contra los principios del manifiesto inicial.
La gestión debe ser colegiada y rotativa. Los equipos rectores se elegirán democráticamente.
En igualdad de condiciones, todos los que coincidimos (de verdad y no engañosamente) con lo declarado desde su origen por Iniciativa para el Cambio y Democracia Cívica debemos evitar el confusionismo. Democracia Cívica proseguirá con un método organizativo descentralizado, en red, federal e igualitario. Sin figuras o grupos privilegiados.
La dirección de DC no debe recaer en una sola persona, para evitar “cansancios y ausencias”. Se puede arbitrar un sistema rotativo y por Comunidades. Lo que quiere decir que cada grupo de cada Comunidad tenga su dirección, dado el hecho de que cada una de ellas tiene sus características propias.
Cada grupo de Comunidad deberá gestionarse por un mínimo de tres personas, siempre que ello sea posible, y por un máximo de cinco, de acuerdo a unas normas generales, aprobadas por consenso.
La gestión de los medios económicos y la dirección de DC son cosas relacionadas, pero no hay que confundirlas. Tanto los gestores económicos como los representantes públicos (portavoces) serán elegidos (lo mismo que la estrategia y las tácticas) democráticamente, por votación.
¿Quiénes eligen a los gestores/directivos/representantes del movimiento? Pues como siempre, los miembros del grupo. En el caso en que la cooperativa se consolidara, todos los que se hubieran inscrito en ella podrían decidir sobre su futuro con garantías de transparencia. Pero para hacer eso, tiene que salir adelante. Y en todo proyecto existen unos promotores, y cuando el proyecto está lanzado es cuando se hacen las elecciones. Los promotores o se retiran o se presentan a dichas elecciones, etcétera, etcétera.
En todos los casos DC se regirá por los principios de utilizar las listas abiertas y la limitación de la permanencia en un puesto directivo (lo que también es aplicable a la estructura interna del PSOE), respetando siempre las que son nuestras señas de identidad.
Esto no significa que los afiliados al PSOE que sean miembros de Democracia Cívica renuncien a alcanzar posiciones de responsabilidad orgánica o institucional, en virtud de los méritos de su aportación al socialismo y del apoyo que reciban.
Si hubiese que decidir sobre la cooperativa antes de la asamblea reconstituyente, ¿cómo tomamos esa decisión? La pregunta es crucial. Todos han de participar y decidir, de eso no hay duda. Pero, ¿es antes el huevo o es antes la gallina? En ‘dc.net’ se especificaba que la cuenta corriente a nombre de Manu se transformaría en otra cuenta bajo la denominación de un grupo o entidad colectiva. Por tanto, dar este paso ya estaba decidido, y a nadie le pareció mal.
En el instante en que se aboga por continuar con DC, se está reclamando un mecanismo económico que permita esa continuidad. Se le llamará cooperativa, sociedad limitada o como sea, pero la carencia del factor económico es lo mismo que decretar la muerte de Democracia Cívica. Decidir sobre la cooperativa equivale a organizar un grupo de trabajo para que inicie un proceso constituyente o reconstituyente. La asamblea, más tarde, aprobará, corregirá o impugnará lo que el grupo de promotores haya elaborado.
Por ahora, hay un borrador de estatutos. Aunque es muy válido en cuanto a garantías de transparencia y procedimientos democráticos, deberíamos trabajar en ese borrador para irlo adaptando a las necesidades particulares de nuestro movimiento. La idea consiste en adquirir personalidad jurídica desde nuestra innegable condición de consumidores y usuarios (de Internet, de productos culturales y de otros servicios).
¿Es factible ahora prescindir de un esquema económico-empresarial? Entonces, DC recaería en lo que ocurrió en marzo de 2004: un puñado de buenas intenciones, cero en operatividad y página web cerrada.
Entre los diversos tipos de sociedades con un contenido económico, la cooperativa se presenta como el modelo más flexible, sencillo y fácil de aplicar. Existe ya una red de cooperativas de consumidores con un potencial en auge. Se trataría, más que de imitar, de hacernos fuertes políticamente ayudando a que los ciudadanos-votantes-consumidores se liberen de la propaganda-ideología que refuerza el poder de las empresas multinacionales.
Esta propuesta y otras ya presentadas, junto a cuantas se formulen en este proceso de debate, son el signo de que verdaderamente hay intención y ganas de continuar con la tarea de DC.
El concepto de cooperativa es una respuesta civil a los condicionamientos económicos y a los cambios que tienen lugar en esa misma esfera. Mediante una cooperativa se busca que esos cambios sean compatibles y guarden un adecuado equilibrio con el fin último del conjunto de los socios: el éxito de su proyecto empresarial y, naturalmente, la rentabilidad económica.
En una cooperativa las responsabilidades de tipo económico de cada socio tienen un límite: sus aportaciones. En una sociedad de tipo civil se responde “hasta con la camisa”. Y para poner en marcha una fundación, pongamos por caso, habría que conseguir un montante inicial de 10 millones de pesetas, o su equivalente en euros.
Los valores éticos que dan vida a los principios cooperativos son los que encarnan la solidaridad, la democracia, la igualdad y la vocación social. Todo esto hay que entenderlo en una doble perspectiva. Por un lado, los requisitos democráticos y de igualdad no son negociables. Por otro lado, estamos dando igualmente una respuesta política.
La forma jurídica no es garantía por sí sola de que vaya a existir participación democrática. Los consumidores-votantes han de involucrarse para anular el consumismo devastador impuesto por las empresas multinacionales.
No se justifica la ausencia de un mecanismo económico dentro de DC, un mecanismo controlable y controlado. Proponemos consolidar DC mediante el soporte legal y económico de una cooperativa de consumidores y usuarios.
En el marco jurídico de una cooperativa sólo hace falta una pequeña aportación inicial que permitiría ponerla en marcha y cuotas anuales o mensuales, también asequibles (para que no resulten carga económica para nadie, y para que con ellas se afronten gastos coyunturales), sin olvidar la publicidad y la participación económica de entidades colaboradoras.
Como movimiento social de influencia en la política del PSOE, Democracia Cívica puede estar compuesta por militantes y simpatizantes del mismo y por ciudadanos/as comprometidos con la izquierda.
Una vez puesto en marcha, un movimiento colectivo pertenece a los que lo construyen y sustentan, no a particulares que lo condicionan y lo frenan. Para tener derecho a hablar en nombre de DC, es exigible ser consecuente en la conducta seguida por cada uno con lo proclamado en su manifiesto inicial.
Las personas que participamos en Democracia Cívica queremos formar parte del movimiento cívico que, partiendo del espíritu del Foro Social Mundial nacido en Porto Alegre en abril de 2001, está reproduciéndose y trabajando por demostrar que es posible construir entre todos otro mundo más solidario, más justo y más igualitario. Nuestra voluntad es formar parte de este firme impulso reconciliador, articulando un movimiento libre y plural que nos permita participar en este proceso dinámico y permanente de elaboración de alternativas al modelo actual de globalización neoliberal, modelo que impide satisfacer las necesidades mínimas de la mayoría de las personas y de los pueblos.
Desde DC no estamos dispuestos a permitir que se exponga a peligros innecesarios el futuro del planeta y de la especie humana. Entendemos que la sociedad en su conjunto debe favorecer el desarrollo del individuo y la libre expresión de las ideas, garantizando además la redistribución de las oportunidades y de los recursos.
No podemos vivir fuera del sistema actual, pero sí es posible vivir en contra del espíritu del mismo. La solidaridad no es cuestión de hechos aislados y coyunturales. Entendemos que la solidaridad es una forma de vida y no un tranquilizante para las conciencias.
Los partidos de carácter progresista no pueden seguir apegados al ámbito exclusivamente nacional para su acción, sino que deben ser portadores de un proyecto de otra globalización, de una “alterglobalización” a escala internacional.
Por el control político del mercado neoliberal.
Reformismo social a escala nacional e internacional.
Organismos reguladores fuertes e independientes.
Opción por la titularidad pública de los servicios públicos.
Estado de bienestar y responsabilidad individual.
Por una pedagogía de la solidaridad global desde los partidos.
Comercio internacional libre, pero leal (o “justo”).
Globalización de los derechos humanos, sociales y medioambientales.
Los tratados básicos para la gobernanza mundial.
Nuevos instrumentos técnicos e instituciones internacionales.
Certificar la responsabilidad social y global de las empresas.
Por una política exterior también al servicio de la agenda pública global.
Potenciar y reformar la ONU.
Por una “Internacional Humana”.
DC preconiza reformas institucionales contra la degradación de la calidad de la democracia española.
Deben modificarse las leyes (incluida la Constitución) para crear nuevos mecanismos, controles y contrapesos institucionales que dificulten la corrupción encubierta y la práctica de la política como simple medio para conseguir y mantener el poder (sin que éste nunca se entronice como un fin en sí mismo).
Debe cambiarse la Ley Electoral para permitir las listas abiertas (desbloqueo de las listas electorales) y una aproximación al sistema mayoritario por distritos, lo que acercaría los representantes a los representados y estimularía la rendición de cuentas. Además, deben limitarse por ley tanto las campañas propagandísticas institucionales como el gasto electoral de los partidos.
DC preconiza una visión “multilateral” de las relaciones institucionales, en el interior del Estado español y en la UE. Han de establecerse nuevos mecanismos de “cosoberanía” democrática entre Ayuntamientos, Comunidades, Estado central y UE. Contra el empobrecimiento que significan los nacionalismos antiguos (empezando por el nacionalismo español o españolista), son necesarias medidas para fomentar el intercambio personal y cultural en el interior de España y con otros países, especialmente de la UE.
DC apuesta por el control directo y la participación de los ciudadanos en la actividad de los poderes públicos: apertura de canales directos de comunicación entre representantes y representados a través de Internet, acceso directo de los ciudadanos a los contratos públicos a través de Internet, presupuestos municipales participativos, etcétera.
Por la permanente regeneración democrática.
Reformas institucionales y reformas en el interior de los partidos.
Mayor participación ciudadana.
Del “Estado-nación” al “Estado multilateral”.
Nuevo arquetipo de político.
La base cultural de un país determina la calidad de su democracia, la capacidad de los ciudadanos para relacionarse de forma abierta y tolerante; es el instrumento que permite generar, comprender y asimilar nuevas realidades y que produce el soporte intelectual necesario para avanzar, desde la individualidad reflexiva y madura, en la construcción y expansión de proyectos compartidos por la comunidad.
Por ello, la cultura es el mayor patrimonio a defender por las gentes de progreso. Y también ha sido el patrimonio más querido por el Partido Socialista. Porque la cultura es el mejor camino de la libertad, porque la cultura es la mayor riqueza de los pueblos, porque la cultura es un seguro contra el autoritarismo y la intolerancia, porque la cultura es la base, en fin, desde la que se impulsa el progreso económico y social.
El acceso a la cultura hace posible la toma de conciencia personal necesaria para transformar nuestra realidad. La cultura, el arte y la ciencia son objetivos centrales de la política democrática: permiten que la democracia sea la columna vertebral de nuestra civilización. Urge pasar de la cultura de las necesidades a la necesidad de cultura.
Debemos reforzar nuestro compromiso con la cultura, como un valor material y espiritual de primer orden para la convivencia y la tolerancia. Debemos reivindicar la fuerza de la cultura frente a la cultura de la fuerza. Debemos impregnar todas nuestras acciones de una fuerte carga cultural, de todos y para todos.
Educación cívica, cultura popular, pluralidad informativa y mestizaje.
Un nuevo “contrato social” por la educación.
La “ciudadanía activa”, un derecho para todos.
Contra las prácticas manipuladoras de los medios de comunicación.
Integrar y acoger a los inmigrantes: multiculturalidad e interculturalidad.