Miguel
Ángel Múgica, 7 de mayo de 2007
El socialismo francés
Los partidos aún frenan más que estimulan los cambios en la estructura social. Por ejemplo, Ségolène se muestra muy favorable a la democracia participativa. ¿Dónde afloran las dificultades? En saber si es factible llevar a cabo esa mejora en la calidad democrática general sin antes haber actuado casi quirúrgicamente sobre las interioridades de cada partido.
Carlos
Lage Martín de Pedro, 7 de mayo de 2007
Llegué a la oficina. ¡Qué previsibles son los de siempre!, pensé.
—¿Lo veis? Os lo dije: Ségolène iba a perder porque Zapatero estuvo con ella en el mitin de Toulouse.
—Es cierto. Y Sarkozy ha ganado porque en el suyo estuvieron de invitados de honor Mariano Rajoy y Jiménez Losantos. ¿Te acuerdas cuando Sarkozy se puso a tararear el himno del PP mientras Losantos y Mariano daban palmas en el escenario? Si no llega a ser por eso, no gana.
Y dicho esto, saqué a este hombre de su ignorancia explicándole que la presencia de Zapatero en Toulouse estaba fundamentada en tres hechos incuestionables:
1. Que Zapatero es un presidente con un prestigio enorme ante el izquierdismo del sur de Europa (en Italia todavía más que en Francia).
2. Que en Toulouse viven decenas de miles de emigrantes españoles y descendientes suyos.
3. Que muchos de ellos fueron refugiados políticos, miembros de la Resistencia que los liberó y pertenecieron a la ejecutiva del PSOE en el exilio, que estuvo radicada más de 30 años allí.
Y dicho esto le he aclarado que un gafe es un pobrecito que no gana nunca. Y que Zapatero ganó las últimas elecciones, y antes las primarias de su partido. Y eso no lo puede decir don Mariano, que fue puesto a dedo y que nunca ha logrado ganar una votación.
Apropiarse de los triunfos ajenos me parece digno de lástima. Es como cuando tenemos que ir con Argentina en las finales del mundial de fútbol: si uno fracasa, hay que conformarse con los éxitos de otros.
Una euforia difusa ilumina hoy la cara de los engominados de este lado del Pirineo; y su entusiasmo se fundamenta en NADA. España es un país independiente de Francia desde que el Duque de Wellington puso a Pepe Botella con pies en polvorosa.
A finales de mayo hay elecciones municipales. El día después que sonrían y que se apunten tantos. Antes, no procede apuntarse los de otros.
Antonio
Ros Soler, 7 de mayo de 2007
La izquierda... y el neosocialismo
El sábado día 5, José Vidal-Beneyto escribía en ‘El País’ su “Derechización del mundo/6” echando la culpa de “la implosión de la izquierda al neorreaccionarismo de las tendencias ultraderechistas imperantes” (sic).
Efectivamente, habría que haber puesto el agua a escaldar hace muchas lunas, pues ahora nos falta todo el tiempo, y “manitú”; y no es posible afeitar pelos tan gruesos sin instrumental adecuado. Menos aún, tratar de que sin medicina nos curen al muerto. Ese muerto de la deserción de la lucha ideológica, otrora enfrentado luchador y hoy convertido en intelectual a sueldo de la revista “neocon” del momento.
El neosocialismo se nutre y se aparea en esa espesa brea de intereses yuxtapuestos que son las pátinas para el desencuentro. Y que, al contrario que la cebolla, que siempre deshojáramos para llegar a su cogollo, aquí las capas van superponiéndose por quienes ostentan el poder oligárquico cada vez que cae un escalón de abandono en la práctica democrática interna. Hasta convertirse en un cebollo metálico, con núcleo hueco, con el que luego nos golpea la Historia...
Agrupémonos todos en la “Internacional”... Y emerjamos con algo nuevo y contundente. Caperucita, ¡que viene el lobo!
Julio
Rodríguez López, 7 de mayo de 2007
Sarkozy recuerda mucho a Margaret Thatcher, como elemento clarificador de lo que más conviene a la burguesía para adaptarse a un mundo siempre cambiante, manteniendo el control político y social.
Le diferencia algo de la Thatcher el que Sarkozy se dirige a un público y a unas capas sociales en los que el elemento cultural es más potente que en UK. A la vez que el pueblo francés aguanta peor los excesos que el inglés.
Sarkozy tiene una retórica algo más social, que puede ser una cortina de humo. Su fundamento básico es que debe retribuirse el esfuerzo, y que nadie debe perder una ocasión. Pero apenas alude a quienes deja en la cuneta el mercado.
Impresiona, como en el caso de Thatcher, la voluntad de actuar del nuevo presidente francés. Como lo confirma la claridad con la que anoche aludió a la fecha de “traspaso de poderes”, y eso que los poderes vienen de la propia derecha.
La herencia de Thatcher ha sido pesada de digerir. Redujo a casi nada el poder sindical y parió un país a todas luces utilitarista (Anthony Burgess decía que la Thatcher reza en las iglesias pero no va nunca a un concierto).
La desindustrializacion británica no ha dado paso a nuevas actividades productivas fuertes, sino a una hipertrofiada capital, Londres, que vive muy al margen del resto del Reino Unido. Lo malo es que la verdadera corrección vino de la mano de John Major, no de Blair.
Máximo
Ribas, 7 de mayo de 2007
Está muy bien la idea de renovación o de democracia participativa que propone Ségolène Royal. Pero quizá la izquierda debiera plantearse cómo crear conciencia social para llegar a esos electores desconcienciados.
¿Cómo difundir el mensaje positivo de la izquierda a la masa social? ¿Cómo convencer a la sociedad de que las políticas de izquierdas son mucho más beneficiosas para el pueblo? ¿Cómo explicar que la derecha se dedica a transferir los fondos públicos a empresas privadas? ¿Cómo explicar que las consecuencias de esto es hacer público el déficit y privatizar los beneficios? ¿Cómo hacer entender que estas privatizaciones sólo benefician a ciertos sectores sociales y que significan más empleo precario?
Quizá Ségolène Royal no ha sabido transmitir bien el mensaje de la izquierda, un mensaje de progreso social, económico y energético. O quizá la sociedad francesa participa de la corrupción. No sé la respuesta.
Por desgracia, los franceses han votado a favor de Sarkozy, derechista que a diferencia de la derecha española no tiene débitos con el fascismo. Nicolás Sarkozy va a implantar más energía nuclear, menos energía renovable, unas políticas nada sociales que criminalizan el Mayo del 68...
Miedo me da esta Francia. Con todos los medios de comunicación contra Zapatero, con toda la programación contra Zapatero, malos augurios se me vienen a la cabeza. Esperemos que no pase lo mismo aquí que en Francia.
Esperanza
Molina, 8 de mayo de 2007
Sí, es muy triste el resultado de las elecciones; pero es que yo creo que el mundo se está derechizando a pasos agigantados. Sin embargo, hay algunas cosas que nos pueden hacer reflexionar.
1. La magnífica participación, incuestionable triunfo de la democracia y ejemplo de conciencia cívica y política.
2. La coherencia ideológica de Sarkozy, que no ha engañado a nadie respecto a su pertenencia a la derecha, sin pretensiones de ganar al centro. Los que le han votado, sabían sin ninguna duda lo que votaban. No ha pretendido gustar a todos; mientras que las izquierdas (aquí también) tienen un discurso vacilante, inseguro, pidiendo perdón.
Y la gente no sabe (en nuestro caso) si negociamos con el abertzalismo, o no. Si se van a privatizar sectores estratégicos o no. Si la escuela va a ser laica o no. Si van a subir los impuestos, si se va a imponer el copago en la sanidad. Qué explicaciones se dan acerca de lo que ha pasado con Conthe, etcétera.
Si verdaderamente eres de izquierdas, esa especie de filosofía entre liberal y “moderna”, entendiendo lo moderno como la libertad de capital y de mercado, no te convence. La derecha no ha hecho un discurso “moderno”, no se ha avergonzado de su horrible ideología. Pero ha ganado y ¡de qué manera! Habría para escribir mucho más, pero no va a servir para nada.
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