José Luis Rodríguez Zapatero
Secretario general del PSOE
Presidente del Gobierno
Enero de 2007
Estimado compañero y presidente:
Queremos reiterarte nuestro apoyo; esta vez tras los acontecimientos que hemos vivido a partir del 30 de diciembre de 2006, fecha en que ETA truncó la vida de dos jóvenes trabajadores y el proceso de paz en el que tanto empeño pusiste.
También queremos trasladarte algunas reflexiones que teníamos previsto dirigirte ya antes del deplorable atentado de la T-4, y que evidentemente no pueden formularse hoy de la misma manera. No obstante, nuestras convicciones eran firmes cuando nos dirigimos a ti en mayo de 2006; y esa firmeza permanece intacta.
La primera convicción es que con el PP no es posible la unidad. El PP no quiere acabar con el terrorismo, quiere acabar con el Gobierno de forma anticipada e ilícita.
La unidad es la que hicimos los ciudadanos en Madrid, en Bilbao, en Ferrol, en Zaragoza o en Pamplona el día 13 de enero saliendo a la calle. Unidos contra ETA, por la Paz, la Libertad, el Diálogo y la Democracia. Independientemente del lema de las pancartas, el sentir entre los asistentes era el repudio al terrorismo y la solidaridad con las víctimas y sus familias. Pero también nos sentíamos conscientes de que a un problema como el que se mantiene en el País Vasco desde hace cuatro decenios, sólo será posible ponerle fin mediante el diálogo y un proceso de negociación.
Es la unidad de los que en marzo de 2004 exigimos la verdad al Gobierno de Aznar. Una verdad que intuíamos en aquellos días y que hoy sólo los cínicos de aquel Gobierno y del partido que lo sustentaba continúan negando, atreviéndose a formular una teoría esquizofrénica de la conspiración en la que pretenden situar a todo aquel que les contraría.
No sabemos qué plazos tendrán que transcurrir, pero el sentir de los cientos de miles (millones en el recuento si las manifestaciones hubiesen sido de la Iglesia y del PP) que salimos a la calle en toda España el sábado 13 era la imposibilidad de mantener el enfrentamiento al que te abocan el PP y sus voceros. Un enfrentamiento que no sólo es contra ETA y su entorno, sino que es un enfrentamiento entre pueblos, entre ciudadanos.
Pensamos que el proceso de paz no sólo ha sido reventado por la bomba de ETA. Ha sido reventado desde su inicio por el torpedeo que el PP ha llevado a cabo desde todos los ámbitos de poder que controla ideológicamente. Con una absoluta falta de escrúpulos en la utilización de un asunto tan sufrido y sentido por todos los pueblos de España, sin reparar en la peligrosa política de división social que ha generado y está generando.
En nuestra voluntad está por encima de todo trabajar por la paz, en la medida en que los militantes de base del PSOE y ciudadanos en general podemos hacerlo: trasladándote honestamente el sentir que percibimos en la calle. Sentir que coincidía con las encuestas que indicaban que el 90% de la población era favorable al proceso de paz. Sentir que últimamente se ve reflejado en las opiniones de dirigentes sindicales, juristas, catedráticos de Derecho, sociólogos y politólogos, entre otras personalidades significativas en diversos campos. Sentir que de igual forma percibimos el pasado día 13 de enero en las distintas manifestaciones multitudinarias que se celebraron en varias ciudades. Y que se recoge en la encuesta publicada por el diario ‘La Vanguardia’ el domingo 21 de enero, según la cual el 72% de la opinión pública seguiría apostando por el diálogo.
Se nos estaba haciendo insoportable ver manifestarse (respetando, sin lugar a dudas, el derecho a manifestarse de todos los ciudadanos, por muy radicalmente contraria a la nuestra que sea su opinión) a los mismos que dicen defender la vida, pero no tienen ningún problema en cuanto a apoyar, animar y justificar guerras genocidas. A los mismos que no soportan que se les recuerden los crímenes de sus abuelos y padres, y a los que con ellos colaboraron, como por ejemplo esa organización internacional llamada Iglesia; ésos que dicen defender la democracia pero utilizaron el poder para “insinuar” la cárcel a dos presidentes de Comunidad: al señor Ibarretxe y al compañero Maragall.
Ésos que nada dicen de los graves comentarios hechos en las páginas del diario ‘El Mundo’ (3 de enero de 2007), donde se indica: “Sólo si el presidente del Gobierno se negara a pactar o someter su política al debate y a las urnas, estarían justificadas otro tipo de iniciativas, ya que un amplio sector de la sociedad española podría llegar a la conclusión de que para hacer frente a ETA sería preciso desembarazarse de Zapatero”. ¿Qué significa “desembarazarse”? ¿Llaman a un golpe de Estado? ¿Llaman a un magnicidio? ¿Qué dicen de esto el presidente del poder judicial o el juez Marlaska? ¿Qué dice de ello la cúpula militar que tan nerviosa se puso con el debate sobre el Estatuto de Cataluña o con el propio proceso de paz?
Te sugeríamos la derogación de la Ley de Partidos. Parece que hoy, tras el debate parlamentario del día 15 de enero, se ha generalizado nuestra idea de que se trata de una ley de excepción, propia de la era Aznar. Una ley de excepción es una traba para alcanzar la paz, en democracia.
Resulta evidente la utilización que desde los “neocon” del poder judicial y de los medios de comunicación se ha hecho de dicha ley. Y también, sinceramente, se nos presenta como absurdo plantear la disposición al diálogo con ETA, la banda terrorista, pero que no se pueda dialogar con Batasuna, el brazo político, porque lo impide una ley. Si verdaderamente queremos resolver el problema, habrá que hablar con ambas partes. Así, en los meses del pasado reciente, nos hemos solidarizado con el compañero Patxi López, quien ha sido encausado por sentarse a dialogar con miembros de Batasuna.
Una ley de excepción sirve de apoyo a sentencias como la más reciente del Tribunal Supremo, que considera a las asociaciones juveniles Jarrai, Haika y Segi organizaciones terroristas. De ese modo, la Ley de Partidos, al ser utilizada por los conservadores del TS, tendrá graves consecuencias en la política vasca.
Somos conscientes de que las decisiones judiciales se acatan; pero ello no nos exime de analizarlas y criticar su contenido. Como bien comprenderás, no tenemos nada a favor de dichas organizaciones, ya que algunos de nosotros vivimos bien de cerca sus actos. Pero tampoco podemos ignorar la sorprendente coincidencia temporal entre el pronunciamiento del TS y la cadena de declaraciones individuales y colectivas de destacados miembros de Batasuna (Rafa Díez, Otegi, Permach). Declaraciones relacionadas con el desconcierto interno de esa organización y la evidencia de movimientos en ese mundo, desmarcándose de la vuelta a la violencia de ETA.
Tampoco podemos dejar de lado el impacto que dicho pronunciamiento ha producido en el conjunto de la llamada “izquierda abertzale”, reforzando la postura de los que en ese colectivo entienden la violencia terrorista como una vía para alcanzar sus objetivos. Tenemos la sensación de haber entrado en una espiral sin fin, en la que los actos de unos retroalimentan los de los otros. Y, en definitiva, de que permanecemos enredados en la maraña de intereses de quienes, de un lado y otro, buscan perpetuar esta situación haciendo de ella su único capital político.
La sentencia del TS o la dictada contra De Juana Chaos sólo sirven para dar cobertura a las intenciones más antidemocráticas del PP. No en vano, al día siguiente a hacerse pública la citada sentencia, Rajoy pedía una vez más la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas. Lo que propugna el PP nos lleva a los años de la clandestinidad, sufrida por nuestras organizaciones (PSOE, UGT). Este tufo franquista hace que nos preocupemos por los sindicatos y los partidos en general. Progresar implica marchar hacia delante. Nunca la restricción de derechos ha servido para el progreso, la libertad y la democracia.
Insistimos en que somos partidarios del diálogo y la negociación. No queremos renunciar a ello. El PSOE tiene derecho a fijar su propia política, sin presiones del PP ni del Grupo Prisa. Nuestra propia política, aunque a quienes añoran el pasado no les venga bien. Como no les venía bien que fuese consecuencia colateral de la guerra de Irak el peor atentado terrorista que los españoles hemos sufrido desde el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 contra el orden democrático establecido. A éstos les da lo mismo lo que hagas, siempre los tendrás enfrente. Te lo dijo muy claro Rajoy: “Si hay bombas es porque no cumples, si no hay bombas es porque cedes”.
Queremos que sepas que apoyamos y apoyaremos todos los pasos que des para desbrozar el camino que nos ha de llevar a una convivencia en paz entre todos los pueblos de nuestro país. Entendemos que no tenías ni tienes ninguna necesidad de competir con el PP (de la era Aznar) en ver quien acerca menos presos.
Seguimos convencidos de que, con la aplicación de estas medidas, recibirías el respaldo mayoritario de la sociedad; de la misma forma que lo tuviste cuando ordenaste el regreso de las tropas españolas de Irak. La mayoría social desea ver el fin del terrorismo. Porque tenemos otras preocupaciones como el problema de la vivienda, y en particular en relación con los jóvenes. Porque nos preocupa la insoportable sangría que suponen los accidentes laborales; 1.500 muertos de media cada año, drama sobre el que ninguna instancia judicial se expresa ni dicta sentencias contundentes y ejemplarizantes. Porque nos preocupan las consecuencias que las privatizaciones están teniendo en sectores estratégicos como la energía, el transporte, la sanidad o la educación...
El fin del terrorismo nos permitirá dedicar todos los esfuerzos a resolver estos problemas que afectan principalmente a los ciudadanos con rentas más bajas, a la mayoría social.
Esperamos te sea útil esta contribución de unos militantes socialistas.
Recibe un fraternal saludo.
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Roberto Tornamira Sánchez
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