Miguel Ángel Múgica, 9 de junio

¿Cuál es el punto central de nuestro movimiento? Yo situaría el origen de nuestras ideas y propósitos en la espontaneidad que surgió para apoyar a Borrell frente a Almunia. Éramos más los que no aceptamos la “dulce derrota”. Se demostró que la burocracia del PSOE hace cálculos erróneos sobre los medios de que dispone para imponerse y dominar a los afiliados. Entre los que rodeaban a Borrell, algunos se pasaron de listos: disolvieron los comités de apoyo y a partir de ahí los burócratas reconquistaron poco a poco su estéril poderío.

La clave de ahora está en las listas abiertas. José Blanco las ha suprimido y nuestra misión consiste en propugnar que se restauren. Los afiliados, simpatizantes y votantes han de conocer la importancia de que en un partido de izquierda (como le corresponde ser al PSOE) no hay sitio para los trepadores, los que a toda costa buscan el chollo. Las listas abiertas bien aplicadas permitirán que en todos los lugares (desde las agrupaciones locales a Ferraz) desaparezcan el sofoco y la angustia que padecemos cuando queremos decir (y casi no nos dejan) que el socialismo no encaja en sus devaneos y paripés.

 

Isabel Vázquez Mijares, 13 de agosto

En el último ‘El Socialista’ del que dispongo se puede leer un artículo firmado por Francisco Bustelo. Un hombre que sigue la filosofía política de Pablo Iglesias y que encabezó el sector crítico en el congreso del PSOE de 1979. Nos habla ahora sobre ética en el devenir de la política.

Reconoce el autor la existencia de políticos que utilizan el dinero público en beneficio propio o en el del partido al que pertenecen, a pesar de los controles instituidos, tanto internos como externos. La honradez se presenta como el remedio para suprimir tales prácticas. Una honradez que el PSOE, más que ningún otro partido, tiene razones históricas para exigir a quienes lo integran. Es la dimensión moral que debe acompañar a los políticos, si éstos quieren ser motor del cambio social, si quieren ganarse la confianza y el apoyo de la ciudadanía.

Dice Francisco Bustelo que la resolución aprobada por unanimidad en el congreso de 1979 (y cuyo autor fue él mismo), pronto cayó en el olvido y que nunca se volvió a hablar de ella. No estoy de acuerdo con su tácita benevolencia: “Llegaron otros quehaceres y un gobierno de 14 años, con logros notables”. Entre otras cosas porque, como añade más adelante, la falta de ética en un político es un pecado doble: arruina la confianza que le otorgaron sus votantes y causa la deshonra del partido al que pertenece y representa.

Yo especificaría otro perjuicio derivado de la falta de escrúpulos. El mal ejemplo se propaga. Quienes deterioran el tejido social ya no son aptos para postular ningún cambio de esa misma sociedad. Pienso que lo “ejemplarizante” ha de venir siempre de arriba hacia abajo, si se busca que la ciudadanía se espabile. Nunca los políticos deben olvidar, como premisa irrenunciable, su honradez y su capacidad de servir al prójimo.

Nuestro partido debe reformar sus normas internas, ya que las actuales tienden a favorecer situaciones opacas: los amiguismos, los intereses de familia, las familias de intereses... ¿Hay otra forma de funcionar? Sí. Con la limitación del tiempo de permanencia en los órganos directivos, con la incompatibilidad de cargos, con elecciones primarias y con listas abiertas... En resumen, haciendo que cada afiliado disponga de su voto y que utilice de verdad su condición de elector y elegible. A los equipos de gobierno han de pertenecer los mejores, tan sólo personas con méritos propios y con ganas de esmerarse.

Si no se cultivan dentro del PSOE la dignidad y el verdadero sentido de la política, resultará imposible predicar estos valores fuera, entre el gentío escéptico cuya fuerza reside en la abstención.

 

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