Esta página no es una página de partido, ni para socialistas o “compañeros de viaje”, ni de apoyo o crítica a la acción de gobierno del PSOE... Tiene que ser un foro de reflexión para la defensa de la democracia y de las libertades, del compromiso político y de la participación ciudadana. Para la defensa de un mundo distinto al propuesto por los neoconservadores y su modelo de globalización...
Es una página abierta a todos los que quieran construir día a día una sociedad que refleje los viejos principios republicanos de libertad, igualdad y fraternidad. Sólo se excluye la crítica irracional y sectaria, la intransigencia y el fanatismo, la estupidez y la zafiedad.
Esta página se reconoce de inspiración socialista y comprometida con la acción política que ello supone. Pero en ningún caso es una página al servicio del Partido Socialista.
Seremos críticos y denunciaremos aquello que a nuestro entender sea motivo de crítica. Y apoyaremos al PSOE y a su Gobierno en aquello que creamos que esté en la línea de construir un nuevo modelo de sociedad, más solidaria, avanzada y respetuosa con los derechos recogidos en nuestra Constitución y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Esta página no es imparcial, ni neutral, ni independiente. Es una página partidaria de la defensa de los valores de las sociedades abiertas y democráticas. Es una página que toma posición a favor de la sociedad civil y laica, y en contra de los privilegios sociales o económicos. Es una página que dependerá de la ilusión, del esfuerzo y de las aportaciones de todos los que colaboren en ella y la mantengan viva. Que dependerá de nuestro compromiso y enfoque de las relaciones sociales y personales.
Nuestro compromiso es el que animó desde octubre de 2001
hasta su desaparición a la anterior página —‘democraciaciviva.net’—, cuando
declaraba: "Creemos en la democracia participativa, porque da voz y
capacidad de decisión a los más débiles, que son la mayoría”.
Defendemos una democracia global que ponga límites humanos a los mercados internacionales, y que incorpore a todos los pueblos al progreso hoy posible.
A pesar de que se dice que los Derechos Humanos y la democracia son valores universales, esto es más retórica que realidad. No hay instituciones democráticas a escala mundial que redistribuyan la riqueza, pongan límites a las grandes empresas multinacionales, defiendan eficazmente el equilibrio ecológico del planeta o garanticen la seguridad a todos los humanos.
Ése era nuestro compromiso de entonces. Continúa siéndolo hoy.