Ana Gaitero
Diario de León, 22 de abril de 2006
Reivindicar los valores democráticos de la II República española se ha convertido en herejía para los voceros de la España rancia y trasnochada, que ni siquiera 75 años después son capaces de reconocer lo positivo de aquella Constitución. Son los mismos que se niegan a desenterrar y poner nombre a los muertos indignamente sepultados en las cunetas bajo la argucia de no reabrir las heridas de la Guerra Civil. Los voceros tienen buenos altavoces y hacen bastante ruido. Pero en esta primavera han crecido muchas flores de orgullo para celebrar los aciertos de aquel periodo truncado.
Un tiempo en el que se pusieron en marcha proyectos de la
Institución Libre de Enseñanza del XIX. Así, la apuesta por la educación laica
como instrumento del verdadero progreso o la formulación de un Estado
autonómico. El programa de escuelas —se construyeron más de cinco mil— y la
dignificación de maestros y maestras fueron unos de los más ambiciosos. Y en
ellos se cebó el aparato represivo del franquismo.
La huella republicana está detrás de muchos monumentos que
hoy son Bienes de Interés Cultural en León: las iglesias de San Salvador de
Palat de Rey y Santo Tomás de las Ollas, Peñalba, las mudéjares de Sahagún, el
palacio del Conde Luna o las murallas de León y Mansilla de las Mulas, Las
Médulas y los monasterios de San Pedro de Montes, Sandoval y San Esteban de
Nogales, la villa romana de Navatejera, San Benito, el Castro de la Ventosa en
Cacabelos y el castillo de Valencia de Don Juan.
Las mujeres accedieron por primera vez al voto con la
Constitución de 1931; por cierto, con gran aplauso de las entonces llamadas
derechas, pues confiaban en el control de los sufragios femeninos a través de
púlpitos y confesionarios.
La gresca contra el presidente del Gobierno, el leonés
Zapatero, por reivindicar la herencia republicana suena a pataleta e
intimidación y a falta de rigor histórico. Y huele un poco a podrido. Las
flores republicanas, en cambio, perfuman la memoria tan dignamente recuperada.
Salud y república.
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Pilar Fernández de la Vega (León)
Diario de León, Cartas al director, 12 de mayo de 2006
Causa pena y una buena dosis de indignación ver que una buena periodista, como es Ana Gaitero, puede caer en el sectarismo y en un maniqueísmo desaforado, como el de su artículo del pasado sábado día 22 de abril, que titula “Flores republicanas”.
¿Acaso no es sectario y maniqueo llamar a quienes discrepan de lo que Ana llama bondades de la II República, “voceros de la España rancia y trasnochada”? Mire, Ana, rancia y trasnochada es su defensa de una República que, si bien es cierto que pudo suponer el encuentro del pueblo español con el viejo sueño de su revolución pendiente, muy pronto ese sueño se transformó en odio y rencor, propiciado por socialistas, comunistas y anarquistas.
Y además, usted no es capaz de efectuar en su artículo la más mínima crítica al cainismo y extremismo que se vivió dentro mismo de aquel régimen. Y permítame que le diga que vive en la peor de las nostalgias, dando un salto atrás con un discurso basado en afrentas ya resueltas en 1978 por la mayoría del pueblo español. Habla usted de lo que su amado régimen hizo por el patrimonio leonés; pues no digo que no, pero sería para compensar los cientos de iglesias, conventos e imágenes que en aquella época fueron pasto de las llamas.
Y de cunetas mejor no hablar. Dese usted una vuelta por las
de las carreteras de Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía; o documéntese
sobre Paracuellos, el cuartel de la Montaña y las checas de Madrid o Barcelona.
También puede resultar un buen consejo que lea el artículo de José A. Balboa
que se publica en el Diario del día 24.
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Ana Gaitero
Diario de León, 13 de mayo de 2006
Un día de noviembre de 1975 dieron una semana de vacaciones:
había muerto el señor que mandaba en este país. Con diez años, el féretro de
aquel personaje expuesto ante las cámaras de televisión se coló en la sala. Por
primera vez me pregunté cómo serían los demás gobernantes; o tal vez aquel
señor, imaginé por un instante, mandaba en todo el mundo. Ese magnífico mundo,
con todas sus capitales, montañas y océanos que acariciaba en el atlas. Quiero
decir que poca nostalgia puedo sentir, por edad, del periodo comprendido entre
1931 y 1936, la II República española.
Sin embargo, siento admiración por los principios que la
inspiraron: confianza en la democracia, auténtico aprecio por la educación y la
cultura como instrumentos de progreso de las personas y de la sociedad y
reconocimiento del voto a las mujeres, la mitad de la población. Me despierta
simpatía su anhelo de una educación laica, o neutra, para los institucionistas,
algunos de ellos creyentes.
Edward Malefakis afirmó esta semana en León que la II
República también cometió errores. Entre ellos, dijo, “la estupidez de dejar
quemar las iglesias sin hacer nada” o enviar a la legión extranjera con Franco
al frente, que nunca antes se había utilizado contra españoles, a reprimir la
revolución del 34 en Asturias. Pero en conjunto fue “un régimen noble”, el
mejor en 141 años desde la época de Carlos III. “La democracia actual es
descendiente directa de la II República”, aseguró el historiador, rodeado de la
estupenda biblioteca legada por leoneses que también confiaron en la educación
como medio de progreso.
De no haber sido porque, el 18 de julio de 1936, unos
militares se sublevaron contra el régimen democrático, la República habría
cumplido al menos parte de su ideal. Fueron sólo cinco años, de mucha
conflictividad social, tanta como la que hubo en Francia. La república francesa
sobrevivió. Queridas lectoras y queridos lectores: lo que no se nombra no
existe. Y han sido demasiados años sin existencia para demasiadas personas.
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Horacio García Pacios (Astorga)
Diario de León, 17 de mayo de 2006
La nueva fragancia republicana se hace sentir otra vez
(Diario de León, 22/4/06 y 13/5/06). Mal le huele a la señora Pilar Fernández
de la Vega (ver el Diario de León del pasado día 12). Ya sabemos: hay quien
prefiere el olor a cuneta franquista, o a “checa”, si cuadra... o a “gulag”.
Tienen el olfato perdido.
Otros quieren Borbón añejo para emborrachar la ceguera y que
su pestilencia monárquica dure la eternidad. Son los de “República nunca más”.
Dicen que contra gustos no hay disputas... pero ya ven.
No es nostalgia de República lo que te mueve, Ana, ¿verdad?
Es el agradecimiento a unos seres humanos que nos precedieron, y que
injustamente murieron, amando la vida que les arrebataron; que nos dejaron un
legado de fuerza y honor, de amor a valores humanos que todos soñamos:
Libertad, Igualdad, Fraternidad, justicia, paz. ¿Nostálgicos, rancios,
sectarios, trasnochados...? Qué va, si somos muy jóvenes y abiertos de mente,
doña Pilar.
Para nostálgicos y rancios... los agradecidos al dictador que, cada 20 de noviembre en la iglesia de San Marcelo de León, con un cura falangista borracho de franquismo, “aplican una misa” por el eterno descanso de su difunto “Caudillo”, para que salga del Purgatorio o del Infierno, si hay. Por algo será: los pecados debieron de ser muy gordos.
A Franco y sus amigos les debemos los cadáveres de muchas
cunetas en “tiempo de paz”, que ya no huelen, los pantanos-cementerio de
pueblos, la censura de los periódicos, los curas encarcelados en Zamora... y el
de Borbón y Borbón. ¿Tardaremos en gustar la nueva república con sus flores y
frutos? Espero que no. Gracias, Ana Gaitero, por hacernos imaginar un futuro
con tan buen olor. Salud.
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